viernes, 12 de diciembre de 2008

Primera Entrega

Memorias del Subdesarrollo
Tomás Gutiérrez Alea
Reparto: Daysi Granados, Sergio Corrieri, René de la Cruz
Cuba 1968

Habana, 1961, Sergio, un acomodado burgués con ínfulas de intelectual, ve como su familia y ex mujer se marchan a los Estados Unidos, quedándose por voluntad propia en la isla. Desde ese momento, el personaje comienza a experimentar una serie de vaivenes existenciales, propios más bien de la situación cultural y política que Cuba vive entonces. Lo señaló Gutiérrez al presentar su filme en el Festival Karlo Vivary de Checoslovaquia. “Al cabo de casi diez años de revolución hemos aprendido que nuestra condición de país subdesarrollado no se supera (…) no ha sido fácil llegar a esta conclusión, pues durante los primeros años la alegría del triunfo de la revolución nos hizo creer que el paraíso estaba al alcance de la mano."

El filme lo vi una noche del 92' mirando a las estrellas. Fue en el Foro de la Universidad de Concepción, durante un ciclo de cine Latinoamericano al aire libre. Hacía frío y tomábamos pipeño del malo, como se acostumbra en esa ciudad de estudiantes famélicos. Esa noche tuve una revelación: no todo era el expresionismo alemán o la nouvelle vague francesa. Aunque influida ciertamente por esta última, Memorias era mucho más latinoamericana, pero más que eso, era una obra de la calle, con mucha experimentación narrativa y una fotografía en blanco y negro sumamente cuidadosa. Me quedo con eso.

Como dijo en su momento un respetado columnista del New York Times a princios de los setenta, "Memorias del Subdesarrollo tiene clase y profundidad, y su influencia se va a extender más allá de su público inmediato". Y concuerdo absolutamente con aquello, pero agregaría otra cosa: creo que Memorias es la contribución Cubana a las revueltas globales del 68’. La película es una crítica velada, demasiado inteligente e inmensamente anticipada, sobre el devenir de la revolución isleña, sin necesidad de llegar a las piedras o las barricadas.


Al Este del Paraíso
Elia Kazan
Usa 1955
Reparto: Julie Harris / James Dean

Elia Kazan fue el único director que, junto con llevar magistralmente al celuloide la obra de John Steimbeck, tiene el mérito de habernos legado una de las interpretaciones más complejas en la historia del cine, la de James Dean. La fuerza con que el actor interpreta a Cal, el joven desorientado en busca de su identidad familiar, va más allá de una aparente sobreactuación. La entrega de Dean como actor es, en parte, gracias a la propia búsqueda dramática de Kazan (Actor Studio, método Stanislavsky, etc.) y si a eso le sumamos un tratamiento fotográfico y visual sumamente inspirados, (delirante son los encuadres y movimientos de cámara), tenemos como resultado una de mis películas favoritas. Ningún cinéfilo de verdad podría dejar pasar esta gran obra.


El Rey de la Comedia
Martin Scorese
Usa 1982
Reparto: Jerry Lewis, Robert De Niro, Sandra Bernhard.

Esta película demuestra, la versatilidad que tiene la dupla De Niro - Scorsese (en sus mejores tiempos, claro). Esta vez, en una comedia bastante negra donde De Niro interpreta a Rupert Pupkin, un mediocre comediante, que lo único que espera de la vida es demostrar su “talento” en televisión y lo hace nada menos que acosando a Jerry Langford, (Jerry Lewis), un famoso comediante de TV que no es otro que el mismísimo Lewis interpretándose a si mismo.

Sin duda que el papel de Pupkin es el de un desquiciado. Y al igual que ocurre con el protagonista de Taxi Driver, uno va captando aquello a medida que transcurre el relato. El personaje nos va poniendo cada vez más nerviosos. No quiero exagerar, pero produce vergüenza ajena cada nueva aparición. Pues bien, el asunto termina con Pukin y su buena amiga Masha, (algo lerda), secuestrando a Langford a cambio de una aparición en su famoso Show de TV. Es una película que recomiendo a ojos cerrados, una de las mejores y más desconcertantes de Scorsese.


Caro Diario
Nanni Moretti Italia 1993
Reparto: Nanni Moretti, Jennifer Beals

Creo que fue en la pequeña sala del Cine Lo Castillo donde descubrí a Moretti gracias a esta película que logró cautivarme por su sencillez y el amor que el director puso en cada uno de sus tres episodios, suerte de autobiografía, protagonizado por el propio Moretti.

“En mi Vespa”, la primera historia - y en la que vale detenerse - el realizador ofrece una
mirada muy personal sobre la ciudad de Roma, sus contrastes y transformaciones urbanas. Sin embargo, este aparente ejercicio de contemplación nostálgica, no exento de gracia como el surrealista encuentro con la actriz Jennifer Beals (la de Flashdance), culmina en el más hermoso plano-secuencia que recuerde:

Cae la tarde y sobre su Vespa, Moretti termina su paseo por los arrabales cercanos al puerto de Ostia. Lo hace para recordar a Pier Paolo Passolini. Hermosa secuencia, no puedo decir otra cosa, porque lo que Moretti parece buscar, al conducir hasta el sitio exacto donde fuese encontrado un día el cuerpo de este gran artista Italiano, no es más que situarnos en aquel mundo que el autor de “Teorema” amó y logró plasmar como ningún otro lo habría hecho nunca.
Acá la secuencia:
http://www.youtube.com/watch?v=AIBeQ7ddgXw


La Eternidad y un Día
Teo Angelopoulus
Grecia/Francia/Italia 1998

Descubrí a Angelopolus gracias a esta gran coproducción interpretada por Bruno Ganz. A lo mejor debería decir que ya lo conocía por “La Mirada de Ulises”, interpretada por el versátil Harvey Keitel. Pero me quedé dormido y quizás nunca podré saber con certeza de qué trataba.
De partida ya es curioso que el protagonista de este filme se llame Alexander y no le quede mucho de vida y más aún que sobre él recaiga el tremendo peso de la reflexión, testigo privilegiado, del nuevo devenir de Europa. Digo curioso porque este personaje vive una realidad muy similar a la de su tocayo en “El Sacrificio” de Tartkoysky. Pero Alexander, el de Angelopolus, no tiene una adivina que le muestre una salida. A él sólo le resta un día de vida y su única vía es refugiarse en el pasado. Evocación que lo lleva hasta su infancia y a la misma casa junto al mar en la que vivió junto a su mujer muerta poco antes. Hermosas secuencias donde el mar se convierte en un telón de fondo para el reencuentro cariñoso entre estos dos seres que se siguen amando y a pasos del reencuentro.

Pero ese último día, a pesar de todo, conoce a un niño, un inmigrante que limpia parabrisas en las esquinas. Este chico le abrirá los ojos al terrible presente que se cierne sobre el viejo continente. Una Europa que se viene abajo, un lugar donde vuelven a incubarse las siniestras y viejas prácticas del fascismo y la barbarie, fronteras por donde Angelopoulos transita con una tremenda fuerza poética, una puesta en escena con justificados planos secuencias y el tratamiento visual surrealista propio de este gran artista Griego.

Y al final la película hay una escena, que me quedó dando vueltas. Transcurre en un autobús. Anochece. Un grupo de jóvenes aborda el transporte. Entre ellos, un muchacho que viene de una manifestación política y que a poco andar se queda dormido en el asiento con una bandera roja fuertemente aferrada a sus manos.


El Imperio del Sol
Steven Spielberg
Usa 1987
Reparto: Christian Bale, John Malcovich, Miranda Richardson.

Una de mis imperdibles. La tensión que genera esta película (un montaje de primera), solo puede ser comparada con aquella clásica secuencia de Tiburón (su primera “en las ligas mayores”). No recuerdo otra donde haya sufrido tanto junto a su protagonista, aquel niño, hijo de la aristocracia inglesa, separado violentamente de sus padres cuando las tropas japonesas entran en Shanghai, durante la Segunda Guerra.

¿Alguien podrá olvidar acaso la angustia de este niño y sus gritos sofocados por esa multitud de chinos que van y vienen, en una de las mejores mareas humanas que se hayan filmado nunca y las manos de su madre perdiéndose en aquel tumulto?

La relación del pequeño protagonista con los aviones, visualmente es lo más poético de la película. Y no puedo dejar pasar, a propósito de esto, otro par de escenas: el encuentro casi onírico del muchachito con un regimiento oculto detrás de una colina, a metros de su mansión; o verlo correr, en un éxtasis que raya en la esquizofrenia, mientras los aviones, a metros de su cabeza, bombardean el campo donde se encuentra prisionero.


El Tercer Hombre
Carol Reed
Gran Bretaña 1949
Reparto: Bernard Lee, Orson Welles.

A simple vista podríamos creer que esta película la realizó Orson Welles, quien curiosamente tiene un rol en ella, pero fue Carol Reed, conocido escasamente por un par de películas de intrigas, el responsable de elevar esta cinta a la categoría de culto. Curiosamente había leído la novela de Graham Greene (autor también del guión) poco antes de verla y su atmósfera expresionista me cautivó.

Ambientada en la Viena de postguerra, este filme (negro al cien por ciento), trata sobre un mediocre escritor de novelas western que viaja hasta Viena en busca de un amigo por una buena oferta de trabajo. Sin embargo, cuando llega a la ciudad se encuentra con éste recién enterrado y lo que es peor, con la creciente sospecha que ha sido asesinado. De esta manera su protagonista se ve envuelto casualmente en las redes del mercado negro (de penicilina ¿?) tratando de resolver el enigma.

Si esta película ha llegado a ser considerada una pieza fundamental dentro de la filmografía del siglo veinte se debe principalmente a algunos aciertos como la fotografía derechamente expresionista de Robert Krasker (ganador del Oscar por esta cinta) y la experimentación sonora de Anton Karas y su cítara con aires de tonada mexicana, presente a lo largo del metraje, raro por lo demás. La anécdota: Karas era un músico callejero al que los productores del filme encontraron casualmente tocando su instrumento en una vereda, les gustó y lo escogieron. Hoy la música de "El tercer hombre" forma parte de las melodías más perpetuadas del séptimo arte.


La Luna en el Brocal
Jean Jacques Beineix
Francia 1983
Gérard Depardieu, Nastassja Kinski, Victoria Abril, Bertice Reading

Como partida, es casi imposible rastrear en la red algo sobre esta película, la segunda de Beineix. Lo publicado sobre el autor, que no es poco considerando su talento, omite información sobre esta cinta. Creo que es por ser de esas películas medio inclasificables, donde la concepción estética llega a tener un papel mucho más relevante que el mismo argumento.

Un hombre de aire aristocrático entra en una crisis cuando su hermana es violada y asesinada en una lúgubre ciudad portuaria que podría ser Marsella. En la búsqueda del criminal, el personaje es absorbiendo por un mundo de extrema sordidez, donde sus personajes se mueven entre suburbios lúgubres, callejuelas mojadas y bares frecuentados por prostitutas y marineros borrachos, realzado aún más por su ambientación oscura, digna de un filme expresionista. A partir de allí se puede entender porqué Philippe Rouselot, uno de los grandes maestros de la fotografía y al que más admiro, opta por hacer evidentes los decorados y la utilización de luces casi a la manera teatral para ambientar una ciudad industrial, que por lo onírico, más se asemeja a un decorado de Tim Burton. La música de Gabriel Yared es otro elemento que complementa aún más la cruda realidad industrial y esa sensación surrealista del filme.

Recomiendo esta película por ser una cinta "puertas adentro", raro término, se me acaba de ocurrir esta denominación para un filme extraño, oscuro en sus diálogos y en su atmósfera triste y absolutamente onírica. El filme de Beineix es como esos sueños extraños. Uno espera que en algún momento uno de sus protagonistas abra los ojos, corra las cortinas y veamos por fin la luz del día. Eso no llega a ocurrir, claro.

La Visitante de Invierno
Alan Rickman
Gran Bretaña 1997
Reparto: Phyllida Law, Emma Thompson

Ambientada en un pequeño poblado de la costa escocesa, esta película me cautivó al grado de tenerla en mis Top Ten. Creo que la vi en el Cine El Biógrafo y aún cuando no duró mucho en cartelera, es exhibida con cierta frecuencia en algunos canales que dan buen cine en el cable.
“La Visitante de Invierno” es la primera película dirigida por el gran actor y dramaturgo inglés Alan Rickman, quien logra, a partir de un argumento tan simple como el conflicto entre una madre senil y su atribulada hija -una madura fotógrafa interpretada por Emma Thompson- crear un relato de una simpleza y poesía que pocas veces he visto.

Mientras la anciana (interpretada por Phyllida Law, madre de Thompson en la vida real) e hija, intentan liberar sus culpas y conflictos, dos niños divagan frente al mar sobre la falta de atención de sus padres y el sistema educacional que los oprime. Diálogos tan simples y desesperanzados el de ambos a orillas de un mar congelado y cubierto por la niebla, que conmueve de verdad, tal vez por esa bucólica mezcla de paisaje triste con el precoz desencanto de los chicos:
http://www.youtube.com/watch?v=_8wElYTL_1w

Paralelamente, un adolescente, el hijo de la atormentada artista, siente su despertar sexual con una seductora y enigmática vecina con quien comienza un extraño y espontáneo romance. El escaso diálogo entre todos los personajes de la película, sumado a las partituras y una fotografía absolutamente intimista acentúan el tono poético del filme de Rickman.

Curiosamente, el sol sólo aparece tímidamente cuando el guión nos sitúa ante dos ancianas cuya vida consiste en seguir con devoción los obituarios del periódico local y asistir a cuanto funeral sean capaces de llegar. La escena de ambas, sentadas en un café o en un autobús rumbo a un entierro, siempre en absoluto silencio, puede ser una de las más hermosas de esta película.

La Delgada Línea Roja
Terrence Malick
Usa,
Nick Nolte, Sean Penn, John Travolta, George Clooney, John Cusack, Adrien Brody

El director Terrence Malick se pasó casi diez años adaptando para el cine la novela de James Jones sobre un grupo de hombres del ejército Norteamericano enfrentados durante la 2da guerra mundial a una feroz batalla por tomar una colina en la isla de Guadalcanal.

Tall es un coronel de la Marina, genuino militar de academia (Nick Nolte en una de sus mejores interpretaciones), que dirige desde la costa esta misión suicida con la que espera ascender a general. Sin embargo, bajo sus órdenes se encuentra el capitán Staros, un abogado demasiado sensato (Elias Koteas) como para acatar las órdenes esquizofrénicas. Junto al capitán se encuentra el sargento Walsh (Sean Penn), quien debe compensar sus ideas libertarias con la pérdida gratuita de sus hombres.

Desde una estructura tremendamente cruda en lo visual y poética en su narración, Malick aborda la guerra y naturaleza como si fuesen parte de alguna extraña cosmovisión, una que desde algún punto invisible nos recordara que la naturaleza y los hombres fuesen cómplices en este ciclo donde la vida y la muerte violenta se conjugan con total naturalidad. “¿Pero la guerra, es sólo la pesadilla asesina que inventan los hombres; está la guerra en el corazón de la naturaleza?, se pregunta el soldado Witt al inicio de la película, mientras lo vemos en una serie de secuencias oníricas en una aldea Maorí. “El poder resucitador de la naturaleza también concede dones espirituales para sus hijos humanos: la gloria, la piedad, la paz, la verdad”, afirma la voz en off del soldado, mientras se escuchan los cánticos nativos y lo vemos nadando junto a los pequeños en las aguas cristalinas.

No es gratuito que en esta película desfilen celebridades como John Travolta, George Clooney, Sean Penn, Nick Nolte, John Cusack, Woddy Harrelson, Jim Caviezel o Adrien Brody, entre otros, quienes no dudaron para estar en ella. Tampoco es casual, tratándose de uno de los escasos directores de culto que existen en Norteamérica y con sólo dos películas en treinta años, que ninguno de los actores haya querido cobrar por su actuación.

No puedo dejar pasar la fotografía John Toll, varias veces ganador del oscar (gran logro visual el de las balas trazadoras en dirección a la cámara o la luz del sol sobre las colinas); u otras sutilezas del guión como aquella escena de los soldados internándose en la isla, cruzándose en determinado momento con un pequeño aborigen que camina en sentido contrario, un viejecillo oscuro y de barba blanca que pasa sin reparar en absoluto en los soldados, como si éstos fuesen invisibles o no existieran; o aquella escena inicial en la aldea aborigen cuando los niños nadan y juegan ajenos a todo, y a tal punto llega su espontaneidad y éxtasis que algunos de ellos no dudan en agarrase a patadas mirando graciosamente a la cámara. Por ahí va la gracia de Malick.

Haz lo Correcto
Spike Lee
Danny Aiello, Ruby Dee, Spike Lee
Usa, 1989

Estrenada en chile durante el mítico Festival Cine UC de 1990, la tercera película de Spike Lee cambió definitivamente la concepción habitual que podíamos tener sobre el cine político o de denuncia social y lo hizo abordando la violencia racial desde un tratamiento visual y narrativo sumamente inspirados, tanto que a poco andar convirtieron a Lee Joint en uno de los más respetados cineastas contemporáneos.

A partir de un hecho real, el entonces novel director construye una historia en la que no hay protagonistas como tales, sino, una serie de personajes que desde la cotidianidad de un barrio en Brooklyn van entrelazando una historia cruzada por conflictos sociales y raciales. Así, los roces y enfrentamientos entre Ítaloamericanos, negros, asiáticos y latinos se transforman en una suerte de radiografía a la violencia racial reinante en los Estados Unidos a comienzos de los noventa.

Pero es el personaje de Mookie (interpretado por el propio Lee), el repartidor de pizzas y eje conductor de esta historia que transcurre el día más caluroso de un verano en New York, quien nos permite comprender un poco más la cotidianidad del barrio. Sal (Danny Aiello), es un italoamericano dueño de la pizzeria donde trabajan sus hijos Vito (Richard Edson) y Pino (John Turturro). El personaje de Sal representa, creo, a las viejas generaciones de inmigrantes, un tipo sin mayor prejuicio racial, acostumbrado al trabajo duro y a atender en su local sin mayor problemas a una clientela compuesta mayormente por afroamericanos; sin embargo, en sus hijos ya se puede entrever un cierto sesgo y desconfianza hacia los hermanos de color.

Y quizás sea este último un punto a partir del cual podamos entender un poco mejor a esta nueva América, sus propias transformaciones urbanas y sociales. Ciertamente, Brooklyn fue en su momento un barrio que acogió mayoritariamente a inmigrantes italianos, pero Spike Lee nos muestra la otra cara: un barrio en declive, lejos de ese esplendor nostálgico que suele pintarnos Scorsese, uno donde confluyen hoy afroamericanos de las capas medias y bajas, personajes como Da Mayor (Ossie Davis), un viejo borracho autoproclamado "alcalde" del barrio; Buggin' out (Giancarlo Esposito), un afroamericano más racista que el propio Ku Klus Klan, y Smiley, un retrasado mental que vende fotos de Martin Luther King y Malcolm X; o el personaje de Samuel L. Jackson (Mister Love), un extraño locutor de radio que a lo largo del metraje nos pasea por lo mejor del soul, el jazz y el ritm&blue.

Aunque el filme de Lee parece no tomar parte, a favor o en contra, de la violencia, es su final, con la muerte de Radio Harem, un grandulón de dos metros que se pasea escuchando "Fight the power" de Public Enemy, a manos de unos caricaturescos policías blancos, donde queda clara la intención política del filme. Y si algo podemos criticarle a Lee es caer precisamente en esta suerte de estereotipos que nacen de su propio prejuicio racial, una supuesta vuelta de mano que, comprensible o no, ha definido magistralmente el estilo de este gran realizador.


Angels in America
Mike Nichols
Usa 2003
Al Pacino, Meryl Streep, Mary-Louise Parker, Emma Thompson.

Galardonada con cinco Globos de Oro, en las cinco categorías a las que fue nominada y con 11 Premios Emmy, “Angels in America”, es, a mi gusto, una de las películas para televisión más ambiciosas del último tiempo. La exitosa pieza teatral de Tony Kushner, llevada a la pantalla por Mike Nichols (El graduado), nos sitúa en el Mannhatan de la era Reagan, cuando la vida de sus protagonistas da un giro radical en momentos en que el sida comienza a dar las primeras señas de convertirse en epidemia.

Es en ese mundo oscuro y cruel, que el joven Prior Walter es abandonado por su novio Louis, un judío liberal, que conoce casualmente a Joe Pitt, un mormón derechista felizmente casado y nada menos que ahijado político del poderoso ultraconservador Roy Cohn (el célebre inquisidor del Macartismo), interpretado por Al Paccino.

La película de Nichols denuncia con bastante inteligencia la hipocresía reinante en la sociedad norteamericana de los ochenta y lo hace plasmando oníricamente la era dorada del liberalismo más ortodoxo; un mundo donde cada uno de sus personajes afectados por esta desconocida enfermedad van necesitando urgentemente aferrarse a algo superior. Y es por ahí donde comienzan a interactuar con ángeles y seres “del más allá”, tan hilarantes como desconcertantes en sus diálogos y acciones.

En sus dos capítulos (“El milenio se aproxima” y “Perestroika”), vemos, por ejemplo, a Roy Cohn, el famoso represor, homófobo y homosexual a la vez, acosado por Ethel Rosenberg, (Meryl Streep, interpretando a la mujer enviada junto a su esposo a la silla eléctrica, acusados de ser agentes comunistas); o a Mary Louise Parker como la inocente esposa de Joe, (el mormón tardíamente homosexual), visitada por su nuevo amigo, un ángel gay que aparece cada vez que le da por consumir Valium; o el joven Walter, ya enfermo, cuidado por una abnegada y práctica enfermera: un maravilloso ángel interpretado por Emma Thompson.

En fin, creo que fue un tremendo acierto llevar esta pieza teatral a la televisión. No había otra forma de conservar los matices originales de esta historia en la pantalla grande (no por nada el proyecto se paseó doce años por distintos estudios). Por otra parte, su estructura dramática bastante clásica (a todas luces un drama coral), logra a través del formato televisivo complementarse fielmente a su atrevida y poderosa apuesta visual. Todo converge finalmente en una miniserie de seis horas y 60 millones de dólares, producida por HBO, y emitida en nuestro país por la misma cadena durante el año 2006.


Indian Runner
Sean Penn
Usa, 1991
David Morse, Viggo Mortensen, Patricia Arquette, Charles Bronson, Dennis Hopper.

Habría que partir precisando que el título original de la cinta es “Extraño Vínculo de Sangre”. Lo digo, porque a partir de éste, como enunciado, se puede comprender mejor hacia donde va la idea del filme, el primero donde el actor Sean Penn se sitúa tras las cámaras como director.

La historia, escrita por Penn, nace de una canción: “Highway Patrolman” de Bruce Springteen y a partir de ésta, el actor narra la vida de Frank, un ex-presidiario y veterano de Vietnam (Mortensen) que regresa a su pueblito natal, en Nebraska, donde su hermano, Joe (Morse) ejerce como el Sherif del condado.

Frank, el personaje que interpreta Mortensen, es un tipo con demasiada vida a cuestas, el eterno chico malo que jamás se encuentra cómodo en ninguna parte y que llega a perturbar la aparente tranquilidad familiar, junto a su novia embarazada (Patricia Arquette). Joe por su parte es el típico policía de pueblo chico, un tipo conciliador casado con una bella joven mexicana y que cree firmemente en el reencuentro con su hermano, convencido que éste merece una oportunidad para reordenar su vida.

Si me gustó es porque es una película tremendamente triste, una de esas historias donde el sufrimiento lo transmiten sus personajes. Importan en este filme (y mucho) los tiempos muertos, los gestos y el silencio de sus personajes, sino, pongan atención a la actuación de Charles Bronson, como el padre ausente y disminuido; algo más profundo parece transmitirnos también su decisión final: una de las secuencias más hermosas que recuerde es aquella escena, con el track que inspiró el filme:
http://www.canaltcm.com/peliculas/extrano-vinculo-sangre

Penn no tiene tapujo alguno en reconocer la influencia de John Cassavetes en esta cinta (a quien dedica el filme). Y por cierto, fue la última película que rodó Charles Bronson, quien comparte roles nada menos que con Dennis Hopper y Benicio del Toro.


La Familia
Ettore Scola, Italia 1987
Vittorio Gassman, Fanny Ardant, Philippe Noiret

Una de esas tantas películas que le debo agradecer a la televisión chilena de los años ochenta. Cuesta creer que en plena dictadura la televisión cediera espacios a películas europeas y en horario estelar (lo que hoy los ejecutivos llaman prime). Pero así fue, especialmente el Canal 13 donde pululaban periodistas o actores de izquierda. Pero la historia cambió y con ella las productoras artesa, los directores de barba y guionistas de chaleco artesanal.

Y apropósito de historia, ésta es la de una familia de clase media en Roma y una vida de 80 años recordada por Carlo, (Gassman) interpretando a un sencillo profesor de literatura que le tocó crecer en la Roma del siglo veinte. Es la historia de sus amores, desamores y de las sucesivas generaciones, a las que no le serán ajenas las dos guerras mundiales, el fascismo ni el devenir político de los setenta y ochenta.

Es increíble como los actores van envejeciendo junto con el film (los padres, sus hijos, luego sus nietos), principalmente los papeles de Gassman y Ardant, que resultan de una ternura y serenidad inmensa, una que solo se puede entender como el paso natural del tiempo; No hace falta dar más interpretación a esta película y sus personajes, pues los ochenta años de historia resultan, a fin de cuentas, como la revisión del viejo álbum familiar.

El final de la película, el momento preciso en que Carlo cumple sus ochenta años, viene a cerrar esta historia de la manera en que sólo Scola puede hacerlo, un final que no llega a ser dramático, pero que en su austeridad visual (una escena carente de todo efectismo), nos deja con un nudo en la garganta, esa reflexión que nos lleva a pensar un poco más sobre el sentido que encierra esto del tiempo y el paso de los años.

Recuerdo ahora que una de las buenas razones para quedarme viendo hasta tarde esta película era un plano que se repetía un par de veces. Sucede en la habitación de uno de los nietos de Carlo, en cuya pared cuelga un afiche con un puño en alto y una frase que dice algo así como “Abajo el Fascismo, Viva Chile Libre”.


Nosferatu
Werner Herzog
Alemania – Francia 1979
Reparto: Klaus Kinski, Isabelle Adjani, Bruno Ganz.

De Werner Herzog y tan oscura como el día en que la vi. Fue un paseo por el día al Puerto de San Antonio. Tendría diez años y mi madre nos llevó a pasear a la costa. Por la tarde y no se a razón de qué, entramos a un viejo Cine, al único del puerto seguramente. Durante el día no dejó de caer una llovizna fina sobre el Puerto, mientras Kinsky, en su papel de Nosferatu, se paseaba por su lúgubre castillo. Lo recuerdo saltando desde un ventanal. Drácula más terrorífico que éste no he vuelto a ver, como tampoco las manos de mi madre sobre nuestros ojos a cada escena ¿erótica o violenta? Nunca lo sabré.

En todo caso, tratándose de Kinsky, (en las películas de Herzog, claro), logra transmitir una locura capaz de horrorizar al más duro. Lejos, la mejor dupla: Herzog & Kinsky.



El Tesoro de la Sierra Madre
John Huston
Usa 1948
Reparto: Humphrey Bogart

Esta película, ganadora de tres premios Oscar, fue clave para comenzar a interesarme por el cine norteamericano. No recuerdo cuando ni donde la vi (lo más probable es que haya sido a comienzos de los noventa, cuando la TV por cable valía la pena, aunque fuesen solo diez canales).

Humphrey Bogart, muestra una de sus mejores facetas como actor, al interpretar a un desempleado con la única ilusión de abandonar su vida miserable. Fred viaja al sur, a Nuevo México en busca de oro. Lo hace acompañado de dos vagabundos a quienes a penas conoce y con quienes emprende una extraña expedición que termina siendo un encuentro con los más bajos instintos que van aflorando en cada uno de ellos. El viejo cuento de la avaricia y las envidias dirigida magistralmente por John Huston.

La Reina Africana
John Huston
Usa 1951
Reparto: Katherine Hepburn, Humphrey Bogart

Otro gran clásico de Huston, protagonizado por Bogart. “La Reina de Africa” es el nombre de un pequeño barco que surca peligrosos ríos, abasteciendo poblados en algún rincón de este caluroso continente. Su capitán es un marinero alcohólico (era que no), interpretado por Bogart. Ambientada durante la primera gran guerra, la trama del asunto parece ser otro tópico en las películas de Huston: enfrentar a Charlie (y su debilidad por la bebida), con Rose, una misionera abandonada, o algo así, interpretada por Katherine Hepburn, a quien debe soportar durante toda la travesía. Una historia de amor al estilo de este gran director que logra siempre conjugar con tremenda maestría los tormentos existenciales de sus protagonistas con el solapado erotismo fílmico de los cincuenta, algo que por esos años sólo lograría otro gran realizador, Billy Wilder, en clave de comedia.

Ascensor para un Cadalso
Louis Malle
Francia 1958
Reparto: Jean Moreau, Maurice Ronet

La historia del crimen perfecto que se revela absolutamente imperfecto no es nueva en los cánones del cine negro. Desde aquel, el cineasta francés Louis Malle extrajo la receta para debutar con esta cinta en la cual sus protagonistas se ven enfrentados a una extraña jornada de amor y crimen, dando paso a una intriga policial bastante compacta.

Filmada en blanco y negro, la trama se desarrolla en torno al asesinato de un respetado industrial por parte de su fiel empleado y a su vez el amante de su esposa. Los enamorados en cuestión deciden finalmente eliminar al empresario, haciendo que parezca un suicidio. Y aunque han planificado el crimen a la perfección, la detención del ascensor cuando el autor del crimen se da a la fuga, cambia absolutamente el curso de los acontecimientos.

Ambientada en el París de postguerra, el filme cuenta además con otro gran condimento: la inspirada banda sonora de Miles Davis. Producto casi del azar y aprovechando la popularidad que cosechaba Davis en el viejo continente, el joven Malle le hizo la guardia en el aeropuerto para incluirlo en su filme. Miles acepta la idea, quizás por lo extravagante. Así nace esta banda sonora: como una improvisación frente a la proyección privada de la película. Junto a Malle, la actriz Jean Moreau, el cuarteto de Miles, mucho champagne francés, sólo dos notas y una sesión que culmina a las seis de la mañana.

Cerca de la Media Noche
Bertrand Tavernier
Francia – Usa 1986
Reparto: Philippe Noiret, Martin Scorsese, Herbie Hancock (si, el músico), Dexter Gordon.

Era 1987 y con Jorge, mi buen partner de entonces y ocasionalmente otros amigos de la ciudad intermedia, nos juntábamos a ver videos. Cada cual debía proponer una película para la semana y como por entonces los clubes de video eran algo escasos, (igual que los títulos disponibles), encontrar algo que no fuera Rambo II u otro estreno igual de mediocre, era casi un milagro. Descubrir filmes Europeos era casi un deporte. Ahí encontré esta cinta Francesa, la historia del músico de jazz, Bud Powell, en franca decadencia y su joven admirador. Del filme, me llamó la atención el que fuese Herbie Hancock el responsable de su música. Tenía yo entonces unos quince años y lo más probable es que ni siquiera haya reparado que el gran jazzista Dexter Gordon o el mismísimo Martin Scorsese figurasen también en los créditos.


Bird
Clint Eastwood
Usa 1988
Reparto: Forest Whitaker.

Creo que fue también durante aquellos años de búsqueda frenética en video clubes que generalmente funcionaban en el garaje de alguna casa, donde encontré esta cinta. Ya había visto “Cerca de la medianoche”, así es que encontrar una nueva cinta sobre jazz fue una maravillosa revelación. Aún considero magistral la actuación de Whitaker interpretando a un Parker en su etapa más decadente y, claro, mucho después vine a sopesar que detrás de ello había otro gran talento, Clint Eastwood, un gran director del ritmo sincopado y uno de los más talentosos “viejos cineastas vivos”.

La gracia de esta película puede ser su atmósfera asfixiante, un recurso bien logrado por Eastwood para mantener esa sensación de constante encierro, la decadencia y el agobio que transmite Whitaker como Bird. Creo que Eastwood es brillante a la hora de definir el carácter de sus personajes y la atmósfera en sus películas. Ejemplos de brillantes actuaciones podemos encontrar bien seguido en sus películas.


El Color Púrpura
Steven Spielberg
Usa 1985
Reparto: Whoppy Goldberg, Danny Glover.

Reconozco mi afición por ciertas películas de Spielberg. La primera, lejos, fue E.T. Creo que esa cinta me acercó por primera vez al oficio del Cine. Tenía diez años y de vuelta a casa me dio por ser el mismísimo Spielberg tratando de reproducir aquella escena donde ET, en medio de la niebla, sale de su escondrijo para encontrarse con el pequeño protagonista. Supongo que nadie entendía mucho que hacía allí, encaramado a una reja dando instrucciones con una linterna en la mano (ni yo, ahora que lo recuerdo). Pero sin duda esa escena me marcó como ninguna otra lo había hecho antes.

Pero iba hablar del Color Púrpura. No se muy bien porqué, pues no es esta una de esas películas que me haya repetido más de dos veces. Si la tengo en mente debe ser por la actuación de Whoppy Goldberg junto a otro de mis favoritos, Danny Glover, a quien respeto mucho por hacerme adicto a las mil y una versiones de Arma Mortal de Richard Dooner. Por cierto, recomiendo la entrevista de James Lipton (Desde el Actor Studio) a Globex, uno de los fundadores de los Panteras Negras..ah, y otra cosa, esta pelicula es producida por Quincy Jones.

Días de Radio
Woody Allen
Usa 1987
Reparto: no sabe – no contesta

Hubo un tiempo que Allen ejercía en mí cierto influjo. Disfrutaba sus películas de la manera más natural, como solo un muchacho de provincia podía hacerlo en los oscuros años ochenta. Recuerdo “Alice”, “Zelig”, “Hanna y sus hermanas” o “Manthatan”, entre otras notables.

Pues bien, algo pasó para que este sujeto, mejor dicho, sus cintas terminaran por fastidiarme…. “¡Oh, cielos, creo que lo mejor será sicoanalizarme…algo debe andar mal en mí. Seguro!, - No, no, no, debe ser que crecí, eso es…crecí, nada más. Oh, será mejor caminar un poco, si, eso es”. Bueno, pero tampoco pretendo traicionar este honesto ejercicio fílmico por la neurosis o regeneración del mismo personaje mil veces y hasta el cansancio.

Me causó mucha gracia esta película de Allen ambientada en el Brooklyn de los años 40 donde un chico judío (era que no) y radio-adicto sueña con ser como su héroe, El Vengador Enmascarado. Creo que nunca he podido olvidar la casa familiar sacudida a cada tanto por una gran montaña rusa construida precisamente sobre el techo de la misma. Tengo pendiente reconciliarme con este autor que, según dicen, ha vuelto a sus cauces, al menos eso decía la crítica, pero al ver Match Point, una de sus últimas películas, sigo esperando mi esperada reconciliación. Todavía no pasa nada, se acabó el amor con Allen. Respuesta definitiva.

El Francotirador
Michael Cimmino
Usa 1979
Reparto: Robert De Niro, Meryl Streep, Christopher Walken.

Hace un tiempo atrás el crítico de cine Héctor Soto señalaba en una edición del Wikén que la cinta de Cimmino “tiene la solemnidad de un réquiem, el peso irrevocable de una tragedia y el arrebato incomparable de la desproporción”. Uno poco rebuscada la definición, pero no puede ser de otra manera cuando se plasma tantos giros dramáticos en una sola película.

Un grupo de veteranos, todos vecinos y amigos de un pequeño poblado norteamericano, enfrentan las consecuencias que les dejó su participación en la guerra de Vietnam. En síntesis, el reencuentro de la patota de amigos, después de la guerra y cada cual más trastornado que el otro.

Un argumento habitual dentro de la escena gringa, a no ser por su reparto de primera y una narración paralela que zigzaguea entre las escenas de cautiverio en Vietnam (a quien no le quedó en la retina la ruleta rusa entre De Niro y Walken) y la boda que tiene lugar en esta pequeña localidad de origen eslavo, perdida entre montañas y la niebla, lo que le otorga una estética bastante siniestra y atemporal al asunto. La película en cuestión ganó cinco premios Oscar, entre ellos a la mejor película. ¿Y de Cimmino?, a parte de quebrar a un renombrado estudio con un proyecto que jamás vio la luz, no puedo decir mucho, (por más que lo he rastreado), parece ser ésta la única película por la que se le puede recordar con cierta dignidad.

El Informante
Michael Mann
Usa 1999
Reparto: Russel Crowe, Al Pacino.

El productor periodístico del mítico programa de la CBS, “60 minutos”, interpretado por Al Pacino, consigue declaraciones exclusivas por parte de Wigand, (Crowe) un científico que se convierte en el principal testigo para los juicios entablados contra la industria del tabaco en los E.U, (juicio que en la vida real le costó 250 Billones de dólares a la industria tabacalera de Usa). Bueno, y de ahí viene el conflicto editorial al interior de la cadena noticiosa, las presiones de la industria y al testigo. Lo típico.

Ya había visto de Mann (Fuego contra Fuego, traducción local). Y parece ser que este director, responsable de la mítica Miami Vice, fue el escogido para darle aires frescos al bueno de Al Pacino y con papeles que le han quedado a la medida (… que cursi).

Puede que el tratamiento visual y su banda sonora (aunque en partes, demasiado recargada), sea el piso necesario para sostener la interpretación de Crowe, en su papel del testigo atormentado. Muy buena aquella escena medio sicodélica de Wigand frente a las paredes de su habitación y con la música de Lisa Gerrard (ex Dead Can Dance), si hasta parece que Wigand ha cambiado el tabaco por el ácido.

El Halcón Maltés
John Huston
Usa 1941
Reparto: Humphrey Bogart, Mary Astor.

Otra de John Huston y Bogart, esta vez interpretando a un detective privado que debe dar con el paradero de una joven perdida. La búsqueda, que resulta ser una sarta mentiras y el comienzo de una oscura intriga, le conduce a enfrentar a turbios personajes y seguir la pista a un valioso tesoro perdido hace cuatrocientos años, nada menos que un halcón de oro y piedras preciosas codiciado por peligrosas bandas de traficantes internacionales.

Un clásico del cine negro es esta película de Huston y debe ser éste uno de los mejores roles de Bogart otra vez enfrentado a una mujer exuberante y ruda.

Educando a Arizona
Ettan & Joel Cohen
Usa 1987
Reparto: Nicolas Cage, Holly Hunter.

Su argumento ya es un absurdo. El ladrón rehabilitado, (Cage) y su nueva esposa (Hunter), en el papel de una ex policía, quienes una vez casados harán lo imposible para tener un hijo, llegando al extremo de robar un bebé, uno de los quintillizos de un millonario local de apellido Arizona.

En adelante, se desencadena esta comedia negra en la que se encuentra buena dosis de los personajes perdedores, el humor negro y secuencias oníricas que veremos en sus posteriores películas.

Resulta curioso ver a Cage en este papel. Un buen tipo y fracasado, por donde se le mire, su personaje genera un cariño que difícilmente podríamos encontrar en alguno de sus posteriores filmes. Muy conmovedora resulta aquella escena donde la pareja decide devolver al pequeño: hermosa banda sonora para esta secuencia donde ambos imaginan a este chico creciendo junto a ellos como sus verdaderos padres. La verdad es que uno no sabe si ponerse a llorar o reírse a gritos.

Archipiélago
Pablo Perelman
Chile 1992
Reparto: Hector Noguera

Sólo dos días estuvo en cartelera. Fue en el Teatro Concepción el año 92, cuando el estreno de alguna película chilena era todo un evento (aunque recuerdo que era el único en la sala). Si algún compromiso tenías con el audiovisual chileno, había que estar ahí, aunque no supieras a lo que ibas. Eran los años de Cine Chile S.A, una de las más nefastas experiencias del primer encuentro entre los cineastas locales y el estado chileno.

El relato parte con la experiencia de un arquitecto (Noguera), que tras el golpe militar decide actuar en política desde la clandestinidad. La narración se vuelve algo oscura y confusa desde el momento en que su protagonista, luego de un allanamiento, recibe un tiro en la frente. En adelante, todo se torna…metafísico, por llamarlo de algún modo.

Mientras agoniza (o ya muerto), cambia su destino por el confinamiento a Chiloé (relegación se llamaba entonces). En adelante, su obsesión se centra en restaurar una vieja Iglesia Chilota. Y es aquí donde la narración se va volviendo cada vez más alucinante (derechamente psicotrópica), mezclándose con total soltura empresarios Japoneses interesados en la restauración y alucinantes ceremoniales Chonos. Voladísimo además el rol de Eduardo Gatti como agente de la CNI y sus diálogos con el arquitecto.

Puede sonar snob, pero me sentí más acompañado cuando Raúl Ruíz señaló que era una de sus cintas favoritas. Por la fe que le tengo, aún espero una nueva película de este gran realizador chileno. Perelman (Imagen Latente, 1986), debe volver como el gran cineasta metafísico que es.

Estado de Gracia
Phil Joanou
Usa 1990
Reparto: Sean Penn, Ed Harris, Gary Oldman, John Turturro.

Otra de mis películas imperdibles cuando comenzaba la década del noventa. Algo de cerveza, pizzas y mucha conversa en alguna de esas maratones cinematográficas de la ciudad intermedia, cuando ya dejábamos el colegio. Buenos años, buenos amigos y la mejor banda sonora al ritmo del rock Irlandés de entonces.

Terry (Sean Penn) vuelve, tras diez años de prisión, al barrio de irlandeses que lo vio crecer. Lo que nadie sospecha es que esta vez lo hace como un agente de policía encubierto que deberá enfrentar todo aquello que una vez dejó, incluyendo a sus viejos amigos, ahora como los malos de la película y enfrentados a una banda de mafiosos italianos.

El viejo argumento, a excepción de las tremendas actuaciones del trío Oldman, Harris y Penn, que hacen mucho más sólida esta historia, que ha sido, lejos, una de las mejores películas de Phil Joanou y la mejor actuación de Gary Oldman. Mención aparte merece la banda sonora, donde las partituras a cargo de Ennio Morricone, se mezclan sin ningún complejo con la música de Sinned O`Connor o U2, banda con la que Joanou había realizado en 1988 el documental “Rattle And Hum” y hace muy poco, Vértigo Tour.

Tremenda secuencia la del Día de San Patricio filmado como si fuese un documental de promoción turística: las secuencias del desfile corriendo en tiempo paralelo al ajuste de cuentas al interior del bar y en cámara lenta, condimentan una de las balaceras más notables que recuerde. Ojo con las gotitas de sangre salpicadas al lente, esta película inauguró la tendencia.

La Traición del Halcón
John Schlesinger
Usa 1984
Reparto: Timothy Hutton, Sean Penn.

Como una buena parte de las películas de esta selección, ésta la vi en televisión muchas veces y cada vez que la he descubierto por ahí, practicando zapping en el cable, la vuelvo a ver completa. Investigando para estas líneas, me he enterado que de este director inglés, es también otra de mi lista, “La Maratón de la Muerte” (1976). Y parece ser que el tema de desenmascarar las oscuras prácticas de la CIA, son recurrentes en él, pues con estas dos cintas obtuvo importantes reconocimientos (otra famosa fue “Cowboy de Medianoche”, que no he visto aún).
En este caso, el joven Hutton interpreta a un brillante estudiante quien, gracias a los contactos de su padre, logra un puesto menor para la CIA y por ahí va, ascendiendo y descubriendo las operaciones clandestinas de este organismo. Cansado y sin nada que perder, más bien por diversión y en complicidad de su mejor amigo, un outsider de primera interpretado por un debutante Sean Penn, comienzan a vender importantes secretos a los Rusos. Otro gran condimento de esta cinta es su banda sonora, Pat Metheny, y la original versión de “This Is Not America” interpretada por otro de los grandes, David Bowie.

Doble de Cuerpo
Brian de Palma
Usa 1984
Reparto: Melannie Grffiths.

Aunque hay que reconocer que esta película de Palma no es ninguna maravilla, puede que sea una buena expresión (no la mejor) del Voyerismo en clave Thriller. El argumento es tremendamente simple: cuando la “víctima” del voyerista aparece muerta, el protagonista se convierte en el principal sospechoso. Eso es todo, pero claro, tiene el sello de Palma, que siempre se ha ocupado en dar cierto cause estético a sus filmes (el tema de las tonalidades, el juego de luz y sombra, etc).

En realidad no veo porqué poner esta cinta en mi lista, ¿será porque la vi un par de veces, o porque es de esas películas que siempre salen al ruedo en alguna conversación de cinéfilos?, probablemente por lo último. Pero intentaré ser benevolente con el único director que a cada tanto nos refresca la memoria con los mejores guiños a los clásicos del cine (“La Ventana Indiscreta” y “Vértigo”, en este caso) Y como olvidar otro de sus grandes films, “Los Intocables” (1987), con la secuencia del bebé cayendo en su cochecito por las escaleras de una estación, guiño indiscutible a Einssentein y su acorazado Potemkin. O sea, de Palma, el maestro de los guiños y cameos.

The Outsiders
Francis Ford Coppola
Usa 1983
Reparto: Tom Cruise, Matt Dillon, Rob Low, Diane Lane, Tom Waits.

Comentábamos mucho esta película con mi hermano y otros amigos. Siempre creo que nos identificó su argumento y el tema de ser un outsider se nos dio por naturaleza. Fuimos admiradores de la baja cultura gringa y esta película la repasábamos a cada tanto con algún amigo de entonces. Éramos adolescentes y creo que todos nos sentíamos un poco como sus actores, usando las poleras arremangadas y vagando en busca de algún nuevo rincón en ese pueblo intermedio y con 40° a la sombra en los veranos. ¿Hay algo más outsider que eso?

Bueno, la película de Coppola, aparte de ser una buena historia de pandillas juveniles, tiene el mérito de haber juntado (quizás por su buen ojo como productor) a un puñado de jovencitos, algunos de los cuales darían que hablar posteriormente en la escena Hollywoodense.

Un Día de Furia
Joel Schumacher
Usa – Francia 1992
Reparto: Michael Douglas.

El papel de Douglas como un empleado de Gobierno recientemente despedido, separado de su esposa e hija, es francamente alucinante. La progresiva mutación del personaje ante lo más simple y cotidiano, lo convierten, literalmente, en una bestia humana, un personaje común y corriente que en cosa de unas pocas horas tendrá a la policía todo un día tras sus pasos.

Sólo el demente de Schumacher puede deleitarnos con tanta violencia. Y no es solo la de su protagonista. El realizador tiene la capacidad de situarnos cómodamente y sin mayor esfuerzo en el papel del malo. Un malo que no es tal, sino cualquiera de nosotros reaccionando frente a la locura y el agobio diario.

Ahora, lo genial de esta película es que no hay quien no se haya sentido alguna vez como el personaje que interpreta Douglas. ¿Quién no ha querido darle con un bate de béisbol en la cabeza al vendedor que te dice: “no hay”, teniendo el producto en la vitrina, o al micrero que te humilla por no tener saldo en la tarjeta? Quiero mucho a ese personaje, aunque el final de la película sea peor que el de una teleserie chilena.

El Globo Rojo
Albert Lamorise, Francia, 1956

Tengo un bonito recuerdo de esta película. Era 1979, estábamos recién llegados a Chile, tendría siete años, y recuerdo una proyección y charla de la Alicia Vega, esta gran promotora del séptimo arte y conocida por el documental “Cien niños esperando un tren”. Fue en colegio y desde ese día, y por muchos años me quedó dando vuelta la imagen de este niño corriendo por el Paris de posguerra tras un globo rojo.

Compré hace poco tiempo esta película y pude comprobar como este realizador convirtió temáticas como la niñez, la soledad o la amistad, en una película llena de poesía y ternura. Es una película que obligadamente debe hacernos reflexionar sobre el mundo de los más pequeños y hasta qué punto nosotros, los adultos, somos capaces de escuchar o imaginar el universo que hay detrás de cada niño (..uuuffff, parece comentario de María Inés Saéz)

Después supe que Lamorisse, fue un realizador francés que se especializó en filmes poéticos y documentales bajo una modalidad llamada algo así como “helivisión”, que consistía en esas largas secuencias filmadas desde el aire, recurso que fue muy utilizado en algún momento por la TV europea para mostrarnos desde las alturas sus ciudades y castillos. Ahí recordaba a Lamorisse y su Globo Rojo, película que al menos hoy tengo a la mano y he podido ver con mi pequeño hijo.


El Sol del Membrillo
Victor Erice España 1992

Esta es una de las primeras concesiones que hago de mi lista. Y aunque nunca especifiqué que ésta contendría solo películas de ficción, se entiende a estas alturas que es así.

Pero este es un documental, y de los buenos. Una pieza única, de esas joyas cinematográficas construidas nada más que con simpleza y talento. El sol del Membrillo es una película inspirada en el trabajo de Antonio López, un pintor que se ha obsesionado por llevar al lienzo los efectos que la luz de la mañana tiene sobre un árbol de membrillo. Sin embargo, el trabajo de Erice va más allá de una película convencional sobre un artista y su obra.

Se trata en este caso de un registro que evidencia la fuerza de dos visiones: la búsqueda de López y su mirada en relación al árbol, la paciencia con que enfrenta el tiempo y el ciclo de la naturaleza y, por otra parte, la mirada de Erice. Cámara y director cobran en esta película igual protagonismo que la paleta del pintor. Se trata, por tanto, de una evidente metáfora: la creación artística. La confrontación de dos creadores, una búsqueda que puede acercar o distanciar a la pintura del cine, o viceversa.

En este filme no hay una estructura narrativa concebida como tal y eso es lo que la hace más lo interesante, no hay dramaturgia ni menos la complejidad que suponen los tiempos cinematográficos, aquí lo que cuenta es la mirada, la contemplación y el respeto mutuo de dos artistas por su forma de captar la luz.

El Sacrificio
Andrei Tarkovsky Rusia 1986

Un desconocido realizador soviético, llamado Andréi Tarkovski, se instaló un día en el circuito cinematográfico internacional gracias a su primer largometraje y terminó ganando nada menos que el Festival de Venecia (en 1962). Aquel certamen incluía obras de Godard, Kubrick o Passolini y de otros galardonados directores. Pero ninguno de ellos pudo contra “La Infancia de Iván”. Así comienza la carrera de este gran cineasta ruso, el más prolijo y culto que nos haya legado la desparecida Unión Soviética.

Recuerdo mis caminatas bajo la lluvia a un video club a medio camino entre Concepción y Talcahuano, donde vivía a mediados de los noventa, para ir en busca de esta película que me intrigó por mucho tiempo.

La película aborda la angustia de Alexander, un periodista que junto a su familia se ha reunido en la casa de campo para celebrar un cumpleaños. La pérdida de espiritualidad que asola al mundo contemporáneo no es un tema nuevo en la filmografía de este autor y así queda plasmado en la constante angustia que refleja el protagonista de esta cinta, cuando en el encuentro le avisan sobre un inminente conflicto nuclear: se ha desencadenado la Tercera Guerra Mundial. Quienes rodean a Alexander son su hijo pequeño, un cartero que no para de citar a Nietszche, una esposa algo neurótica, y una empleada medio bruja que llega a convencerlo que él tiene el poder de salvar al mundo mediante un último sacrificio.

Sin duda, que es este un filme muy bello, como casi todas las películas de Tarkoysky. Quien las haya visto o leído la gran obra-ensayo que es “Esculpir en el Tiempo”, sabrá de qué estamos hablando. Fue ésta la última película de este autor y si mal no recuerdo, al momento de estrenarla (pudo ser Cannes o Venecia), ya había fallecido producto de un cáncer.

Una Eva y dos Adanes

Usa, 1959. Billy Wilder
Jack Lemmon, Tony Curtis, Marilyn Monroe

Esta excepcional comedia es la mejor muestra de este realizador austriaco. Wilder fue un talentoso guionista en el cine Alemán de los años treinta. Eso hasta que en la siguiente década comenzó su incursión como director en Hollywood, sitial desde el cual, junto al guionista Charles Brackett, llegaría a ser un respetado realizador de comedias. Ahora, la gracia de Wilder radica en que nos encontramos frente a un verdadero autor, de esos que sólo podremos encontrar en la época dorada de Hollywood. El humor negro, el erotismo solapado y una crítica feroz a la hipocresía reinante en la fascinante década de los cincuenta, es su mejor sello

No hay otro como Wilder para mostrarnos la tremenda fuerza sexual de Marylin Monroe, por ejemplo, o la homosexualidad y el travestismo, como sublecturas en esta historia de dos músicos que se quedan sin trabajo cuando descubren casualmente un crimen cometido por su jefe, nada menos que el líder de una organización mafiosa que los perseguirá para que no delaten el hecho.

Desesperados por sobrevivir, se disfrazan de mujer y se unen a una orquesta de señoritas. Y mientras uno de los músicos se enamora perdidamente de la bella cantante, (Monroe, claro), el otro tendrá que lidiar con un pretendiente que no lo deja ni a sol ni a sombra.

Gran Canyon
Usa 1991, Lawrence Kasdan
Steve Martin, Danny Glover, Kevin Klein, Marie Louise Parker

El año 2006 una película apellidada “Crash", se llevó el Óscar a la mejor película del año (arrebatándole ese premio a otra de esas sobredimensionadas cintas gringas, "Brockeback Mountain"). Sin embargo, para muchos – y me incluyo – Crash no es más que una imitación (incluso, creo que un remake) de un gran filme que logró pasar sin mucho ruido por el mismo certamen el año 1991, postulando entonces al mejor guión. Pero como el consuelo parece ser en muchas ocasiones el mejor premio de Hollywood, en el viejo continente Gran Canyon logró obtener importantes distinciones, entre ellas, el oso de plata en Berlin y otra importante premiación en Cannes.

Gran Canyon (titulada también como “El corazón de la ciudad), vino a ser pionera en esta saga de películas corales y que tan buenos frutos ha dado en el tiempo a realizadores como González Iñarritu (Amores Perros). En las historias de personajes simples, cuyas existencias se van entrecruzando en una ciudad cada vez más violenta y deshumanizada, esta película lo ha hecho como ninguna otra. En la cinta, de 1990, seis personas intentan sobrevivir a la agresividad existente en las calles de Los Angeles, donde la violencia, el extremo racismo y la desintegración social van influyendo decisivamente en la vida diaria de cada uno.

Lawrence Kasdan ya era el guionista más reputado de la industria en Hollywood (El imperio contraataca, En busca del arca perdida) cuando comenzó su carrera como realizador de filmes comerciales (“Silverado”). Pero Grand Canyon fue su consagración y, lejos, su mejor película. El mérito reside en un muy buen guión que el propio realizador escribió junto a su esposa y que nació a partir de historias de su propio entorno. Genial el rol de Steve Martin como un productor obsesionado con el cine de violencia, baleado luego por un delincuente o el triángulo amoroso entre los personajes que interpretan Klein y la maravillosa Marie Louise Parker.

Conspiración de Mujeres
Gran Bretaña / Holanda 1988
Peter Greenaway

No es fácil digerir las películas de Greenaway. En su cine siempre va a estar presente la relación entre la pintura y el cine, más bien este último como una manifestación abierta a cualquier tipo de expresión plástica y visual. Peter Greenaway proviene del mundo de la pintura. Por lo mismo, el punto de vista de la cámara ofrece en sus películas cierta teatralidad y la sensación de estar siempre frente a una pintura. Y esta película resultó un gran descubrimiento en ese plano. Con escasos movimientos de cámara (salvo los travelling que acompañan los diálogos), sus escenas siempre se asemejan más a una obra de Rembrand o alguna pieza de la escuela flamenca, por su particular tratamiento fotográfico.

Con esta película logré batir un record al verla cuatro veces seguido. Debo reparar que no fue por gusto, ayudaba en la filmación de un amigo en el Cine Normandie justo el día que pasaban la película. Así es que entre pausa y pausa, me instalaba en sus viejas butacas a dormir y, en la medida de lo posible, decodificarla. Ahora bien, nunca ha sido mi intención – menos con Greenaway – interpretar al cine, simplemente disfrutarlo, dejar que la intención y la pasión del autor me deslumbre. Por eso las películas de este autor (El Vientre del Arquitecto o El Ladrón, su Mujer, el Cocinero y su Amante), las disfruto como a una buena pintura, nada más…o menos.

Y ya lo dice por ahí su director “mi cine trata más de lo estético que de lo político, de las ideas filosóficas que de la simple narración”. Y como Ruiz, lo de Greenaway es proponer siempre un juego al espectador. En este caso uno que consiste en encontrar entre los decorados y los personajes una sucesión de números, empezando por el 1 y terminando con el 100.

¿Y eso, porqué? En “Conspiración de mujeres” (Drowing by numbers en su título original), la importancia de los números determina la historia de tres crímenes. Toda la película es un juego que comienza con una niña que cuenta cien estrellas mientras salta a la cuerda, una fábula donde la moraleja es la de los números. Al menos así se esconde la historia de tres generaciones de mujeres quienes comparten el mismo nombre y la misma forma de lidiar y terminar sus conflictos matrimoniales. La mayor es la primera que decide acabar con su adúltero marido, ahogándolo en la tina del baño. El forense local la encubre certificando un suicidio a condición de que la mujer se case con él, pero ella no está dispuesta a acceder. Madre e hija, siguiendo los pasos de la abuela, matan a sus maridos, la primera en el mar y la otra en la piscina. Con la esperanza de obtener los favores sexuales de las jóvenes, el forense las ayuda, pero seguirá sin conseguirlo. Muy pronto, familiares y amigos de las víctimas se alían para averiguar la verdad de estas sospechosas muertes.

El Demonio de los Celos
Ettore Scola
Italia, 1970
Marcelo Mastroianni, Mónica Vitti, Giancarlo Giannini

Me costó más que cualquier otra encontrar información sobre esta cinta. Primero, porque tardé un buen tiempo en recordar su nombre y desde ahí seguirle la pista. No imaginé que esta película sería de Scola, no por su argumento, más bien por el absurdo y los tintes cercanos al surrealismo que van entrelazando la historia de Oreste (Mastroianni), un obrero que vive atemorizado por su mujer.

Todo el absurdo de la historia comienza cuando Oreste conoce a una joven y atractiva florista, Adelaida (Vitti), enamorándose perdidamente de ella, lo cual desencadena la furia de Antonia, su mujer, quien no descansa hasta encontrar y golpear a la joven florista. Sin embargo, lo peor está por comenzar, cuando Oreste, conoce en una manifestación del Partido Comunista a Nello (Giannini), un joven burgués con quien llegará a ser un buen amigo, pero quien, para desgracia de Oreste, termina enamorado también de Adelaida.

La difícil situación que se crea a causa de los celos de Oreste la empuja entre los brazos de un tercer hombre: un obeso y vulgar carnicero al que no desea y que elige sólo por su excelente posición económica. Notable resulta este personaje. Un carnicero millonario enamorado del osobuco, la sobrecostilla o las prietas, y que se da el lujo de habitar una mansión absolutamente vanguardista, donde el arte pop se mezcla con total naturalidad con reproducciones de distintos cortes carniceros.

Oreste pierde su trabajo, Nello intenta suicidarse y Adelaide, agobiada por la culpa, va donde este último a confesarle que le ama más que a cualquier otro. Por cierto, su próximo paso es el matrimonio y Oreste, que ya es incapaz de intervenir, prueba con un último y desesperado recurso: el mal de ojo hecho por gitanos. Oreste, sin embargo, terminará convertido en un mendigo que al despertar un día cualquiera en el banco de una plaza ve a los dos amantes dirigiéndose al altar. En su último arrebato de rabia, Oreste se lanza sobre la pareja dando inicio a una pelea en la que Adelaide pierde la vida.

Crooklyn
Spike Lee
Usa, 1994
Alfred Woodard, Spike Lee, Zelda Harris

Esta si que es una película Funk, no sólo por su música que está bien buena, sino por la actitud y el sentimiento rítmico que Lee pone a esta cinta, claramente una autobiografía del realizador que nos sitúa en un barrio llamado Crookyn durante la década en que se suceden acontecimientos como el triunfo de los Jackson Five, los peinados afro y el escándalo del Watergate.

Una sufrida madre debe lidiar con la estrechez económica y un marido, aficionado al jazz, que poco aporta al presupuesto familiar soñando en convertirse en un músico de verdad. Su hija de diez años, Troy, debe lidiar con los pinganillas de sus hermanos, quienes a su vez deben hacer otro tanto con la heterogénea fauna de un barrio afroamericano de New York. No puede dejar de estar presente en este drama de Spike Lee los problemas raciales y económicos de la clase media, esta vez en los setenta. A parte de su música, los personajes, en especial los chicos, resultan muy queribles. Ver esta película resulta una acción esencial para cualquier seguidor de este gran cineasta, quien por lo demás produce el film con casi toda su parentela.

La Cruz de Hierro
Sam Peckinpah
James Coburn,
Alemania - Gran Bretaña, 1977

En el frente Ruso, durante la Segunda Guerra, cuando la derrota y el instinto de supervivencia se han instalado definitivamente en un batallón alemán diezmado por sus enemigos, los escasos soldados que van quedando, liderados por un curtido capitán (James Coburn) se ven enfrentados a un empecinado oficial que solo aspira a obtener la preciada medalla que da el nombre a la película. La Cruz de Hierro puede considerarse como una obra visionaria para su tiempo (década del setenta) principalmente por mostrar el rostro más real y sucio de la guerra (oficial alemán a uno de sus hombres: "Las grasas naturales del cuerpo, combinadas con la mugre, te hacen impermeable") y mostrar a los alemanes como personas normales, casi buenas. Algo que sólo lograría más tarde Wolgfand Petersen con “Das Boat” (El Submarino).

Es injusto que al grande de Peckinpah, responsable de exitosos western (“Pat Garrett y Billy The Kid”) y algunos filmes de intriga policial como “La Huída”, haya sido menoscabado por esta cinta, acusado de mostrar sangre y violencia gratuita (“Sam el sangriento” le llamaron luego de ésta). Y lo cierto es que esta película de corte realista no pudo concretarla con ningún estudio norteamericano. Así, con un presupuesto casi ridículo, que en parte redunda en algunas falencias (escasean mejores locaciones), debió filmarla en Yugoslavia y producirla en Alemania, único país donde el filme tuvo una repercusión favorable.

De esta película, que me fascinó de niño, me quedaba siempre dando vueltas una imagen: soldados rusos intentan traspasar las alambradas próximas a la trinchera alemana. Uno de éstos, lanza una granada. Explosión. Siguiente toma: de entre el humo, solo se ve la mano sin dueño de un soldado aferrada aún a los alambres. O el siguiente diálogo:

General: -¿Qué haremos cuando termine la guerra?
Capitán: -Prepararnos para la siguiente.

Y si este simple intercambio quedó como frase para el bronce (si no, denle una vuelta a cualquier sitio de películas) ¿será porque su autor es el mismísimo guionista de “Casablanca”?. No lo se, pero todavía no encuentro otra explicación para dejar frases tan simples y comunes como “…tócala de nuevo Sam”, en el limbo del séptimo arte. De verdad no lo entiendo.

Estamos todos Bien
Guiseppe Tornatore
Marcello Mastroianni, Valeria Cavalli, Norma Martelli,
Italia, 1990

Es la historia de Matteo (Marcello Mastroianni), un jubilado Siciliano que decide emprender un viaje a través de Italia en plan de visita sorpresa a cada uno de sus hijos, repartidos por distintos puntos del país. Todos ya son padres de familia o profesionales exitosos, pero marcados por la insatisfacción y la desesperanza propia de los tiempos, lo que viene a generar el contrapunto con el viejo Matteo una persona de otros tiempos, un buen hombre, enamorado de su fallecida mujer, un hombre honesto, a la antigua.

Es una historia más bien sobre la incomunicación y la mentira. Y lo peor para este funcionario público jubilado, mientras descubre su país maravillado, será percibir en cada encuentro con sus hijos las mismas distancias, la incomunicación y la mentira que aflora en esta nueva sociedad que le tocó empezar a conocer de anciano.

Tornatore decía a propósito de esta cinta, en una entrevista al Diario El País de España (1990), que es éste sería “un filme sobre la mentira, porque, en nuestra sociedad, inventar engaños se ha vuelto casi un mérito”. Y precisamente sobre aquello trata el filme, pues todos sus hijos se las irán arreglando, de un modo u otro, para evitar al anciano que llega a perturbar sus vidas y, de algún modo, a mostrarles, sin proponérselo, sus propias carencias afectivas. Es, sin duda, una película hermosa, sensible, muy de Tornatore digamos.

El Discreto Encanto de la Burguesía
Luis Buñuel
Stéphane Audran, Fernando Rey, Michel Piccoli
1972, Francia, Italia, España

Buñuel era uno de los imperdibles del Miércoles Cinematográfico en el Cine Romano. Esta pequeña sala comercial del centro penquista dedicaba un día de la semana, (miércoles, siete y media de la tarde), a repasar películas de cine arte, estrenos o clásicos, a sólo quinientos pesos (con carné de estudiante, por supuesto). Resultaba imperdible encontrarse con la sala abarrotada, principalmente de universitarios dispuestos a ver lo que fuese. Después de la proyección venía la cerveza o el café de rigor con los amigos en la Fuente Suiza, un acogedor café cercano al cine y donde se hablaba de todo. Todavía conservo una pequeña libreta con anotaciones que cada cual hacía bajo las pequeñas lámparas que colgaban sobre su mesón mientras se tomaba una de las mejores cervezas que recuerde.

En ese ciclo descubrí a Buñuel quien no sólo ganó el Oscar a la mejor película extranjera con el Discreto Encanto, sino que consiguió 4 nominaciones de la academia británica, ganando al mejor guión y actriz.

Rafael Costa, embajador de Miranda, y el matrimonio Thévenot están invitados a cenar en casa del matrimonio Sénechal, pero la dueña de la casa no los espera ese día. La confusión lleva al grupo a un restaurante. Al llegar se dan cuenta de que no podrán cenar porque el dueño del lugar ha muerto.

A partir de este momento, las reuniones entre este selecto grupo de burgueses se verán interrumpidas por una serie de situaciones que bordean el delirio. Así, comienzan a desfilar por la mesa, una serie de personajes como un general que realiza simulacros de combate con sus tropas por el barrio, una guerrillera latinoamericana y un obispo.

Ciertamente esta película es una perspectiva bastante negra de Buñuel sobre la burguesía francesa y su interpretación del tercer mundo y sus conflictos, América Latina en este caso, representada por el embajador de Miranda, un país imaginario de Sudamérica. Los rituales de estos grupos sociales se transforman en un completo absurdo, sin que ellos lo sepan. Notable la itinerancia del grupo entre un espacio a otro y que termina con los contertulios cenando, sin saberlo, sobre las tablas de un viejo teatro con el público riendo a sus espaldas.

Marco Polo
Giuliano Montaldo
Italia, 1982
Ken Marshall, Denholm Elliott, Tony Vogel, Anne Bancroft

Siempre he sentido cierta nostalgia por esta serie de televisión que resultó ser tremendamente educativa para un niño en edad escolar como lo era entonces. La serie, de 10 capítulos, iba dentro un programa cultural de UCTV, llamado “Creaciones” que conducía Jorge Dahm a eso de las 11 de la mañana los días domingo. Recuerdo a Dham, como un viejito bajo y pelo cano, que tenía la costumbre de contextualizar en dibujos la temática que trataría el capitulo, entre otros misceláneos culturales. Para ello se valía de un papelógrafo, un plumón y un ratoncito dibujado que indicaba las fechas o hechos relevantes de la historia. El programa partía con una cortina musical bellísima: Bach y su Concierto de Branderburgo (Presto, N° 4).

Dirigida por Giuliano Montaldo (Sacco y Vanzetti), esta superproducción de la RAI, fue protagonizada por Ken Marshall en el papel del comerciante veneciano desde su adolescencia en Venecia hasta su legendario viaje a China, donde permanecería varios años junto a Kublai Khan, nieto Gengis, y desde donde volvería para contar en "El Libro de las Maravillas" todas las peripecias por las que tuvo que pasar.

Resultó ser una verdadera clase de historia esta superproducción de la televisión pública Italiana, que no escatimó recursos para movilizar en 1981 a varias decenas de miles de personas, entre extras y técnicos, por toda Europa y Asia. Fue, de hecho, la única película de Europa occidental rodada en la China comunista y que contó además con el apoyo de su gobierno, algo impensable por esos años.

Intriga Internacional
Alfred Hitchcock
Usa, 1959
Cary Grant, James Mason, Martin Landau

La historia comienza con un hiperactivo publicista (Grant) dejando momentáneamente una reunión de negocios para hacer una llamada familiar; sin embargo, la confusión del botones del hotel, que ha estado llamando a otro sujeto distinto (que es seguido por una banda de mafiosos), termina confundiendo al personaje de Grant con el tipo aquel. De esta manera, termina secuestrado por la banda. Lo que viene después es una historia de tintes Kafkianos, con el inconfundible sello Hitchcock, pues nadie le creerá su historia, mientras los malos le siguen los pasos a donde quiera que vaya o trate de esconderse.

Creyéndole un hombre que en realidad no es, la única esperanza del protagonista es encontrar al hombre con el cual le confunden y que, para colmo jamás ha existido. O sea, Sólo Hitchcock pudo crear una historia como esta, con una trama y un ritmo que cautiva de principio a fin.

La secuencia del protagonista bajando de un autobús y quedando en medio de la nada, en una planicie tan típica de esa América profunda para ser perseguido por un avión que surge igualmente de la nada, es espectacular, viene a ser el momento cúlmine de célebre film.


Betty Blue
Jean Jacques Beineix
Jean Hugues Anglade, Beatrice Dalle
Francia 1986

Hay quienes insisten en encasillar esta película en la categoría de “filme erótico”. Erótica puede ser sin lugar a dudas Beatrice Dalle, una actriz cuyos personajes, en la película que sea, tendrá siempre una tremenda fuerza sexual. La cinta de Jean Jacques Beineix, es en definitiva, una película de amor, de la pasión intensa surgida entre dos seres igual de intensos, dos personas cuya realidad parece zigzaguear entre la inestabilidad, laboral, en el caso de Zorg y la sicológica, en el de Betty.

Zorg (Jean Hugues Anglade) es un escritor frustrado a quien le cambia la vida desde el momento en que Betty (Dalle) se instala en su casa. Betty al encontrar un manuscrito de Zorg y sin ser muy letrada que digamos, se dedica incansablemente a transcribirlo y hastiar a cuando editor existe para que sea publicado. Las constantes frustraciones y los problemas mentales de Betty harán que llegue a una situación límite. Lo cierto es que la gracia del filme parece radicar en esta dualidad, en la particular relación de sus dos protagonistas, el escritor frustrado, tan ingenuo que llega incluso a aceptar el absurdo trabajo de pintar 499 cabañas (él solo), y Betty, que en su locura lo hace quemar la suya, insultar al jefe y partir a la cuidad para intentar convertirlo en escritor, finalizando esta maraña de agresividad y ternura de una manera muy conmovedora.

Sólo en el universo fílmico de Beinex, con la permanente colaboración de Gabriel Yared en las partituras, podemos encontrar el cuidado desarrollo psicológico de sus personajes y un tratamiento visual al servicio absoluto de éstos. Es interesante en esta película el juego de tonalidades que propone Jean-François Robin, su director de foto, al combinar con absoluta maestría los distintos tipos de tonalidades, de acuerdo al estado anímico y el entorno de sus protagonistas. Creo que por ahí radica la fuerza de esta película y, claro, en su banda sonora que llegó a ser algo así como un objeto de cuto para cualquier cinéfilo snob a comienzos de los noventa, me incluyo.


Fuego contra Fuego
Michael Mann
Usa, 1995
Robert De Niro, Al Paccino, Val Kilmer

En general, para la crítica, esta película fue más ruido y buen marketing que otra cosa. La sola promesa de juntar a dos de los grandes actores (Pacino y de Niro) en un filme de acción parecía prometer algo más trascendente.

Para mi en todo caso, es solamente una buena cinta de acción. Ahora bien, reconozcamos que Mann, como fogueado productor de series de TV y otras buenas cintas de acción, teniendo la oportunidad única, (probablemente irrepetible), de contar con este par, podría haber exprimido algo más el guión y sus actuaciones. Sin embargo, lo que nos entrega como encuentro se reduce a una sola escena donde Neil (de Niro), como un ladrón de las grandes ligas y Vincent (Pacino), como el policía obstinado tras sus pasos y con una vida personal desastrosa, se ven las caras en un café, en un diálogo salpicado de sarcasmos y veladas amenazas. Val Kilmer, como uno de los malos, nos entrega sin embargo, una actuación sobresaliente, mucho más convincente que el “parcito” de oro.

Pero la película tiene momentos notables que merecen nuestra atención. Las escenas de acción, en las que Mann se mueve a la perfección y que ocupan buena parte del metraje, hacen que valga la pena verla de nuevo, sobre todo la escena inicial del tiroteo a la salida del banco, una de las mejores refriegas que he visto.


Fanny y Alexander
Ingmar Bergman
Bertil Guve, Pernilla Allwin, Ewa Fröling, Allan Edwall
Suecia, 1982

Bergman reconoció alguna vez que en esta película hay mucho de su historia, planeándola también como el último largometraje de su carrera, antes de comenzar a trabajar en teatro y producciones televisivas. Lo que el ya entonces veterano Bergman quizás nunca intuyó es que la cinta tendría tanta repercusión mundial, llegando incluso a ganar cuatro premios Oscar, incluyendo el de mejor película extranjera.

Con su habitual melancolía y reflexión, estaa película que también vi en televisión durante mi preadolecencia, nos cuenta la historia de una familia sueca de principios del siglo XX, dedicada al teatro. Oscar y Emilie (Allan Edwall y Ewa Fröling) son los padres de Fanny y Alexander. La compañía pertenece a la familia y todo cambia drásticamente en las vidas de los dos pequeños cuando muere el padre. Emilie, en la búsqueda de un sustituto para el padre de los niños y llevada en parte por la necesidad, se casa con un obispo protestante, cambiando radicalmente la vida de los dos chicos, quienes hasta entonces llevaban una vida de plena libertad e imaginación.

Un Maldito Policía
Abel Ferrara
Harvey Keitel,
Usa, 1992

Es un caso digno de ejemplo Abel Ferrara, un cineasta de culto, pero que trasciende esa categoría al instalarse en el mundillo del séptimo arte como un bicho raro, un director cuyas películas parecen ir más allá de cualquier convención o estructura narrativa, un tipo que hace lo que quiere, partiendo por su primer filme, “El Asesino del Taladro” (1979), cuyo título ya lo dice todo. El Maldito Policía (o “El Teniente Corrupto”, como se le conoce en los extramuros), es lejos una de las mejores obras de Abel Ferrara, y probablemente la interpretación más intensa de Harvey Keitel, como el agente del orden que asume con total naturalidad su depravación. Eso hasta que se involucra en el caso de una monja violada, lo cual viene a derrumbar más aún la escasa moral que le va quedando.

Ferrara se caracteriza por ahondar en la psicología de sus personajes, el lado oscuro que habita en ellos, en sus obsesiones que no son más que las de su propio autor, un católico ferviente cuyo cine suele tildarse de violento y descarnado.

El año 2007, Ferrara estuvo de paso en Buenos Aires dictando un par de charlas que seguí con interés por la prensa trasandina. Sobre esta cinta, Ferrara señaló por ahí que el rol de Keitel es claramente el de un tipo que parece haber llegado a un punto irreversible de degradación, llevado hasta el límite su relación con las drogas, la corrupción y la violencia, y que encima debe encarar un conflicto que detona su culpa religiosa.

Escena de antología: una autopista en la noche. Dos adolescentes a las que el Teniente ha sorprendido casualmente conduciendo sin licencia. Las opciones que le da a las chicas son dos: avisar a sus padres y multarlas, o que se desnuden mientras se masturba frente a ellas. Este es Ferrara.

Guerra Bajo la Tierra
Montgomery Tully
Gran Bretaña – 1967
Kerwin Mathews, Vivienne Ventura, Robert Ayres

Ahí estaba yo, otras vez frente a la televisión, alguna tarde aburrida después del colegio y consumiendo películas como esta. Las opciones eran dos: Tardes de Cine (TVN) o Cine en su Casa (UCTV). La cinta es la que sigue: Plena Guerra Fría y los astutos norteamericanos descubren a los chinos tratando de invadirlos a través de una red de túneles cavados al interior de nuestro planeta. Y lo que parece ser la típica cinta yanky donde los comunistas come niños intentan hacerse del control mundial, no es más que un filme Británico realizado durante los sesenta y que más se emparenta en su formato a una serie de televisión, de esas al estilo Superagente 86 u otras de ese tiempo.

Y bueno, lo que viene es ¿cómo decirlo?: miles de chinos cavando hormigueros bajo la tierra hasta llegar a suelo norteamericano con la intención de instalar bombas atómicas bajo sus ciudades. Eso, hasta que un experto en ultrasonidos (recluido en un siquiátrico) logra convencer al gobierno del complot. Así sus expertos dan con la mejor estrategia defensiva: guardar silencio en todo el territorio de los EEUU a una misma hora para averiguar exactamente dónde están perforando los chinos…Ufff, sigo: palacios chinos y generales que parecen emperadores, tubos que transportan seres humanos por el subsuelo del planeta, una científica china hipnotizando con un ventilador de luces a los protagonistas que poco después aparecen desactivando bombas atómicas con destornillador…para qué más.

Ahora, lo increíble de ésta va más allá de su argumento absolutamente freak, sino que sin proponérselo, la cinta llega a ser algo así como una anticipación histórica de lo que vendría luego, con una sola salvedad: no era necesario cavar tanto, sino, producir barato.



Atrapado por su Pasado (Carlito's Way)
Brian de Palma
Al Pacino, Sean Penn, Penelope Ann Miller, Viggo Mortensen, Jorge Porcel, (el mismo).
Usa, 1993

¿Qué crestas hace el Guatón Porcel amenazando a Al Pacino? Y Sean Penn guatón, pelirrojo semi calvo y – cresta otra vez – Viggo Mortesen parapléjico…no era digno seguir haciendo zapping con esas escenas, había que verla. No fue hace mucho, mientras practicaba aquel deporte con mando a distancia que di con esta película a la que conocía muy someramente, digamos que no la había visto nunca completa.
Un antiguo traficante de heroína, Carlito Brigante, sale de la cárcel tras pasar allí 5 años, dispuesto a dejar el tráfico de drogas y no volver nunca más a prisión. Con la ayuda de su abogado cocainómano (Penn) consigue ser socio de un club nocturno, tratando con eso de retomar la relación con su ex-novia, pero el mundo que le rodea sigue siendo el mismo sitio de delincuentes y enmendar el rumbo no le será tan fácil.

Más allá del reparto, creo que la película destaca principalmente por sus cuidadas escenas. Brian de Palma se atreve una vez más (y en esto es maestro) a jugar con los encuadres y sacar el máximo provecho a sus actores, sino, vean lo fácil que es encariñarse con Carlito, un tipo que dentro de su impronta de maleante, debe lidiar con su propia ingenuidad y el mundillo de traficantes y proxenetas que lo rodea.